Autor
Dra. Maricruz Guevara
Médico rehabilitador del Equipo Clínico de ATAM
Fecha
05/06/2026
Tema
ACTIVIDAD FISICA
La actividad física: una herramienta clave para combatir la fragilidad cognitiva en la vejez
La actividad física: una herramienta clave para combatir la fragilidad cognitiva en la vejez
Envejecer es un proceso natural, pero no exento de desafíos. A medida que pasan los años, muchas personas experimentan cambios físicos y mentales que pueden afectar significativamente su calidad de vida.
Entre estos desafíos se encuentran el deterioro cognitivo y la fragilidad física, dos condiciones que, aunque distintas, están estrechamente relacionadas. Cuando ambas se presentan simultáneamente, sin llegar a constituir una demencia, hablamos de fragilidad cognitiva. Esta condición ha sido identificada como un importante factor de riesgo para la hospitalización, la discapacidad e incluso muerte.
Sin embargo, un estudio realizado por un equipo de investigación liderado por Irene Esteban-Cornejo, de la Universidad de Granada, ofrece una perspectiva esperanzadora: la actividad física podría reducir significativamente el riesgo de mortalidad asociado a la fragilidad cognitiva.
Esteban-Cornejo, doctora en Ciencias del Deporte por la Universidad Autónoma de Madrid, ha centrado su carrera en investigar cómo el estilo de vida influye en la salud cognitiva, desde la infancia hasta la vejez liderando proyectos centrados en el papel del ejercicio en la prevención del Alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas, con el objetivo de “ganar vida a los años” mediante intervenciones basadas en la actividad física.
¿Qué es la fragilidad cognitiva?
La fragilidad cognitiva es una condición clínica que combina dos factores: la fragilidad física (una reducción de la fuerza, resistencia y funciones fisiológicas) y el deterioro cognitivo leve, todo ello en ausencia de una demencia diagnosticada.
Es decir, son personas mayores que presentan debilidad física y ciertos problemas en la memoria o el pensamiento, pero que todavía no padecen una enfermedad neurodegenerativa como el Alzheimer.
Esta combinación es especialmente preocupante porque se ha asociado con un riesgo elevado de efectos adversos para la salud: desde caídas y dependencia funcional, hasta una mayor probabilidad de fallecimiento.
La investigación: más de una década de seguimiento
El estudio de Esteban-Cornejo y su equipo analizaron a lo largo de 14 años a 3.677 personas mayores de 60 años (con una media de 72 años), todas ellas pertenecientes a la población española no institucionalizada.
Para medir la fragilidad física, se utilizó la escala FRAIL, y para el deterioro cognitivo, la prueba conocida como Mini-Mental State Examination.
Los resultados fueron contundentes: las personas mayores con fragilidad cognitiva que no realizaban actividad física tenían un riesgo de mortalidad significativamente más alto que el resto de la muestra.
Sin embargo, entre los participantes físicamente activos, incluso aquellos con fragilidad cognitiva, el riesgo de fallecer se redujo en un notable 36%.
Actividad física: un antídoto contra el deterioro
Uno de los hallazgos más impactantes del estudio fue que las personas mayores con fragilidad cognitiva que no realizaban ejercicio físico tenían un riesgo de muerte comparable al de personas 6,8 años mayores en términos cronológicos.
En cambio, la actividad física actuaba como un verdadero factor protector, contrarrestando en gran medida ese riesgo añadido
Esto se traduce en un mensaje muy claro: mantenerse activo no solo mejora la movilidad, la salud cardiovascular o el estado de ánimo, sino que también puede marcar una diferencia vital en la supervivencia de las personas mayores con signos incipientes de deterioro cognitivo.
¿Por qué funciona el ejercicio?
El ejercicio físico regular estimula el sistema cardiovascular y musculoesquelético, pero también tiene profundos efectos sobre el cerebro.
Se ha demostrado que la actividad física reduce la inflamación crónica, mejora la circulación cerebral, regula los niveles hormonales y combate el estrés oxidativo, todos ellos procesos implicados tanto en el deterioro cognitivo como en la fragilidad física.
Además, el ejercicio promueve la liberación de factores neurotróficos, como el BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro), que favorecen la neurogénesis y la plasticidad cerebral, procesos esenciales para mantener una mente ágil y saludable.
Implicaciones para la salud pública
Los resultados del estudio subrayan la importancia de promover estilos de vida activos entre la población mayor, especialmente en aquellos que muestran los primeros signos de fragilidad cognitiva.
No se trata necesariamente de realizar ejercicios intensos o de alto impacto: caminar, nadar, bailar, hacer yoga o ejercicios de fuerza moderada pueden ser más que suficientes para obtener beneficios significativos.
Desde una perspectiva de salud pública, este tipo de investigaciones refuerzan la necesidad de políticas activas que fomenten entornos adecuados y accesibles para que las personas mayores puedan mantenerse en movimiento, con programas específicos de actividad.
Conclusión
Mantenerse físicamente activo puede ser una de las formas más efectivas de proteger la salud cognitiva en la vejez.
Frente a los riesgos asociados a la fragilidad cognitiva, el ejercicio se presenta como un aliado sencillo pero poderoso para vivir más y mejor.
*Esteban-Cornejo I, Cabanas-Sánchez V, Higueras-Fresnillo S, Ortega FB, Kramer AF, Rodriguez-Artalejo F, Martinez-Gomez D. Cognitive Frailty and Mortality in a National Cohort of Older Adults: the Role of Physical Activity. Mayo Clin Proc. 2019 Jul;94(7):1180-1189. doi: 10.1016/j.mayocp.2018.10.027. Epub 2019 Mar 11. PMID: 30871783.