Autor
Dr. José Antonio García
Psiquiatra del Equipo Clínico de ATAM
Fecha
13/02/2026
Tema
ATAM
Ketamina y depresión resistente: avances, retos y nuevas oportunidades terapéuticas
Ketamina y depresión resistente: avances, retos y nuevas oportunidades terapéuticas
La depresión mayor sigue siendo uno de los trastornos psiquiátricos más incapacitantes. Aunque disponemos de numerosos antidepresivos, no siempre funcionan como esperamos. Cerca de un 30% de las personas con depresión presentan una respuesta insuficiente, incluso después de probar varios tratamientos bien administrados. Es lo que conocemos como depresión resistente al tratamiento.
En los últimos años ha surgido una opción diferente, inesperada para muchos: la ketamina para depresión resistente al tratamiento. Un fármaco clásico en anestesia que ha abierto una vía completamente nueva en psiquiatría, sobre todo por la rapidez de su efecto.
Un mecanismo de acción distinto: la vía del glutamato
Los antidepresivos convencionales actúan sobre las monoaminas. La ketamina, sin embargo, no sigue ese camino. Su acción se centra en el receptor NMDA, dentro del sistema glutamatérgico.
Al bloquear este receptor en determinadas interneuronas, se produce un aumento pasajero de glutamato y una mayor actividad AMPA. Este proceso favorece la liberación de BDNF y activa la vía mTOR, elementos clave en la neuroplasticidad y la formación de nuevas conexiones neuronales. Esto ayuda a explicar por qué la mejoría puede notarse en horas y no en semanas.
Qué sabemos hoy: evidencia clínica y beneficios
Los estudios realizados desde principios de los años 2000 son consistentes: una sola dosis intravenosa puede reducir los síntomas depresivos en cuestión de horas, y el efecto puede mantenerse varios días.
Este hallazgo ha sido especialmente útil en pacientes con riesgo suicida agudo o con múltiples fracasos terapéuticos previos.
La aparición de la esketamina intranasal, aprobada por la FDA y la EMA, ha permitido utilizar este enfoque con protocolos claros y en entornos controlados. En combinación con un antidepresivo, mejora las tasas de respuesta y remisión frente al placebo.
Entre los beneficios más relevantes destacan:
- Descenso rápido de la ideación suicida.
- Mejoría en síntomas afectivos, cognitivos y en la anhedonia.
- Alternativa real cuando otras opciones no han funcionado.
Seguridad y efectos secundarios: lo que hay que tener en cuenta
Como cualquier tratamiento eficaz, la ketamina también tiene efectos secundarios. La mayoría son breves y se relacionan con su perfil disociativo:
- Sensación extraña o desconexión durante la infusión.
- Aumento transitorio de la presión arterial.
- Mareo, náuseas o visión borrosa.
En tratamientos prolongados existe cierta preocupación por posibles efectos urinarios o sobre la memoria, aunque estos se han observado principalmente en usos recreativos y no en protocolos médicos.
Por este motivo, las guías insisten en una administración siempre supervisada y con monitorización clínica.
Preguntas abiertas y desafíos actuales
El entusiasmo es grande, pero todavía hay cuestiones por resolver:
- La duración del efecto es limitada y muchas personas necesitan varias sesiones.
- Aunque el riesgo de abuso es bajo en contextos clínicos, existe.
- No sabemos por qué algunos pacientes responden muy bien y otros apenas cambian.
- La esketamina sigue siendo costosa, lo que limita el acceso en algunos sistemas sanitarios.
Mirando al futuro
La ketamina ha demostrado que es posible actuar sobre la neuroplasticidad de forma rápida y con impacto clínico. Esto ha impulsado nuevas líneas de investigación centradas en el glutamato y en la sinaptogénesis.
Además, varios equipos están explorando su uso combinado con psicoterapia. La idea es aprovechar la “ventana” de neuroplasticidad que induce el fármaco para facilitar cambios psicológicos más profundos.
Conclusión
La ketamina es una de las novedades más importantes en psiquiatría en las últimas décadas. Para muchas personas con depresión resistente o riesgo suicida, representa una oportunidad real.
Aun así, su uso requiere prudencia, supervisión y una evaluación individualizada de riesgos y beneficios.
Lo que sí está claro es que ha cambiado la manera en que entendemos el tratamiento de la depresión y probablemente seguirá haciéndolo en los próximos años.