Autor
María Laorden
Neuropsicóloga del Equipo Clínico de ATAM
Fecha
29/08/2025
Tema
NEUROPSICOLOGÍA
La neuropsicología de los juegos tradicionales: cómo estimular el desarrollo cognitivo desde lo lúdico en verano
La neuropsicología de los juegos tradicionales: cómo estimular el desarrollo cognitivo desde lo lúdico en verano
El verano es una pausa necesaria tras las arduas jornadas escolares, especialmente para los niños y niñas con dificultades de aprendizaje, quienes durante el curso sostienen una alta exigencia cognitiva y emocional. Pero descansar no significa dejar de aprender. Se trata de aprender de otra forma: usando el juego para desarrollar habilidades desde la emoción, la conexión y el disfrute.
La neuropsicología infantil nos recuerda que las funciones cognitivas no se desarrollan aisladas ni a través de fichas, sino que se moldean de manera progresiva en contextos reales, con vínculos seguros y experiencias significativas. A medida que los niños van explorando se van enfrentando pequeños retos de tal forma que van construyendo sus capacidades atencionales, su memoria, el desarrollo del lenguaje o su sistema de regulación emocional.
El juego es una herramienta privilegiada para este desarrollo. Al jugar creamos un entorno seguro donde el niño puede ensayar, sin miedo, y enfrentarse a situaciones que todavía no domina, permitiendo adquirir esas habilidades para enfrentarse al mundo real. En ese pequeño desajuste es donde se genera el aprendizaje: al imaginar, negociar roles, seguir reglas o resolver conflictos, el juego actúa como un puente entre lo que el niño ya puede hacer y aquello que está en camino de consolidarse.
Por eso, atendiendo a este enfoque, te proponemos recuperar y adaptar algunos juegos tradicionales que estimulan de forma natural los diferentes procesos cognitivos que están en fase de desarrollo. La clave está en observar qué habilidades están madurando y ofrecer actividades que, desde el juego y sin presión, permitan enfrentarse, explorarlas y fortalecerlas.
Te presentamos una guía por edades, con ejemplos concretos y sugerencias prácticas para este verano.
De 0 a 3 años: apego, atención conjunta y exploración sensoriomotriz
Durante los tres primeros años de vida, el desarrollo neuropsicológico está marcado por la construcción del vínculo afectivo, la atención compartida, la imitación, el inicio del lenguaje y la exploración sensorial y motriz. Aún no hay funciones ejecutivas maduras, pero sí están en formación sus raíces: la capacidad de esperar, de regularse a través del otro, de sostener una mirada conjunta o de anticipar una rutina. El cuerpo es el gran protagonista: se aprende a través del movimiento, del tacto, del sonido y del ritmo.
Los juegos más valiosos en esta etapa son aquellos que se basan en el intercambio, la previsibilidad y la música del lenguaje.
Vínculo y regulación emocional
Serve and Return (dar y responder): cuando el bebé emite un sonido, una mirada o un gesto, el adulto responde con atención y cariño. Este intercambio sencillo, casi como un pequeño diálogo, refuerza el vínculo afectivo y ayuda al niño a empezar a regular sus emociones.
Lenguaje receptivo y expresivo
¿Qué ves? o ¿Dónde está?: Aprovecha momentos cotidianos para nombrar lo que os rodea: “¿Dónde está el pato? ¡Aquí está!”. Este tipo de juegos mejora la atención compartida y enriquece el vocabulario del niño de forma natural.
Coordinación y anticipación
Canciones con gestos, como “Cinco lobitos” o “Palmas palmitas”: Al cantar y acompañar con movimientos, el niño entrena la memoria, el ritmo y la capacidad de anticipar lo que viene.
Exploración sensorial y corporal
Juego en piscina: chapotear, caminar dentro del agua o buscar juguetes por colores. Estos momentos no solo son divertidos, también ayudan al niño a conocer su cuerpo, a adaptarse a nuevas sensaciones y a moverse con más seguridad.
De 3 a 5 años: lenguaje, normas sencillas y empezar a controlar los impulsos
En esta etapa los niños ya son más autónomos, les encanta hablar, inventar historias y preguntar todo. También comienzan a entender que hay reglas, a esperar turnos y a clasificar las cosas por colores, formas o categorías. A través del juego, podemos ayudarles a organizar su pensamiento, a expresarse mejor y a empezar a controlar sus impulsos.
Escuchar y seguir instrucciones
Simón dice: El adulto da órdenes como “Toca la cabeza”, pero solo deben cumplirse si empiezan por “Simón dice…”. Este juego refuerza la atención y la capacidad de parar y pensar antes de actuar.
Jugar con el lenguaje
Veo veo o palabras encadenadas: Adivinar objetos o inventar cadenas de palabras es una forma muy divertida de mejorar la pronunciación, la memoria verbal y la creatividad con las palabras.
Clasificar y ordenar
Agrupar objetos cotidianos: Separar la ropa limpia, ordenar cubiertos, clasificar juguetes. Son actividades que ayudan al niño a organizar su pensamiento y a ver relaciones entre cosas.
Moverse y seguir consignas
Juegos en el agua: por ejemplo, “toca algo azul y vuelve”, o “camina como un cangrejo”. Permiten trabajar el cuerpo, seguir reglas y disfrutar mientras aprenden.
De 6 a 9 años: organizar ideas, tolerar la frustración y empezar a planificar
En esta etapa los niños ya pueden recordar varias cosas a la vez, organizar pequeños planes y pensar con más lógica. A veces se frustran si no les sale algo a la primera, pero si se les apoya, desarrollan mucha más paciencia y capacidad para resolver problemas. A través del juego, podemos ayudarles a mejorar su atención, su forma de expresarse y su pensamiento lógico.
Juegos recomendados:
Construir y organizar: Camelot Jr., IQ Puzzler Pro o los bloques magnéticos tipo Connetix ofrecen desafíos visuales y espaciales que ayudan a los niños a fijarse en los detalles, seguir secuencias, resolver problemas y mantener la concentración mientras construyen, prueban y corrigen sus ideas.
Leer y resolver pistas
Búsqueda del tesoro con pistas escritas: Preparar pistas sencillas para encontrar un tesoro en casa o en el parque. Fomenta la lectura, la comprensión y la planificación.
Jugar con las palabras
Letra a letra, Scrabble Dash, Mixmo: Juegos tipo sopa de letras o crear palabras. Son geniales para mejorar vocabulario, rapidez mental, atención y conciencia fonológica.
Buscar rápido y mantener la atención
Dobble, Grabolo o Pick-a-Pig invitan a observar con rapidez, detectar diferencias sutiles y reaccionar antes que los demás. Son ideales para entrenar la atención visual, la agilidad mental y el juego compartido en familia o con amigos.
Contar, pensar y aprender a perder
La escoba o El burro (con baraja española) enseñan a sumar, esperar turno y manejar la emoción de ganar o perder.
De 10 a 14 años: pensar con lógica, trabajar en equipo y reflexionar
En esta etapa, se afianzan habilidades como el razonamiento lógico, la planificación estratégica, la reflexión sobre las propias decisiones (metacognición), y la capacidad para cooperar o debatir en grupo. El juego se convierte en un canal privilegiado para explorar su identidad, afianzar su autonomía y compartir con otros desde un lugar de igualdad y desafío.
Jugar con las ideas y el lenguaje
Just One, Código Secreto o Quién soy: juegos de deducción y pistas que requieren pensar en los demás, usar el lenguaje con ingenio y trabajar en equipo.
Planificar, anticipar y tomar decisiones
Catan, Carcassonne, Dixit Odyssey o Saboteur: juegos de estrategia que combinan planificación a medio plazo, toma de decisiones, gestión de recursos y colaboración (o competición) inteligente.
Expresarse y ponerse en el lugar del otro
Rory’s Story Cubes, Érase una vez, Dixit, debates con cartas de opinión: fomentan la creatividad narrativa, la flexibilidad de pensamiento y la empatía.
Moverse en grupo con normas y cooperación
Captura la bandera, el asesino, dinámicas de orientación en grupo, juegos nocturnos de campamento o gincanas por equipos: son perfectos para reforzar el sentido de grupo, la planificación colectiva y la regulación emocional en movimiento.
Aprendizaje profundo desde lo cotidiano
Las investigaciones en neuropsicología muestran que el cerebro aprende mejor cuando se activa la emoción, el vínculo y el movimiento. Por eso, los juegos tradicionales no son solo entretenimiento: son una vía natural, accesible y poderosa para generar aprendizajes duraderos y significativos.
Si tu hijo o hija tiene un trastorno del neurodesarrollo, este verano puede convertirse en un laboratorio de juego, conexión y crecimiento. Cada dinámica, cada canción, cada juego compartido es una forma sutil pero efectiva de reforzar lo que más necesita: atención, lenguaje, regulación emocional o razonamiento… pero desde el disfrute.