Autor
María Laorden
Neuropsicóloga del Equipo Clínico de ATAM
Fecha
05/12/2025
Tema
NEUROPSICOLOGÍA
Cómo enseñar a los adolescentes a hacer un buen uso de la inteligencia artificial: más allá del clic fácil
Cómo enseñar a los adolescentes a hacer un buen uso de la inteligencia artificial: más allá del clic fácil
Vivimos en una época en la que la inteligencia artificial (IA) se ha vuelto casi invisible pero omnipresente. Recomendaciones personalizadas en Spotify, filtros que corrigen nuestros mensajes antes de enviarlos, imágenes generadas en segundos o asistentes virtuales que responden dudas escolares: la IA está integrada en la vida cotidiana de nuestros adolescentes. Pero, aunque estas herramientas pueden ser útiles, también entrañan riesgos que debemos aprender a identificar. La clave está en una alfabetización emocional y crítica que conecte el uso de la IA con el desarrollo personal, social y físico de los jóvenes.
Del acompañamiento virtual a la conexión real: relaciones simuladas y soledad aumentada
Una de las tendencias emergentes es la creación de vínculos afectivos con chatbots o asistentes virtuales. Algunos adolescentes buscan en estas “compañías” una escucha incondicional, una presencia permanente y sin juicio. ¿El problema? Esa interacción está programada y no reemplaza la profundidad emocional ni el aprendizaje relacional que se obtiene en los vínculos humanos.
Según la APA en su guía sobre bienestar adolescente y tecnología, los adolescentes son especialmente vulnerables a confundir la empatía programada con la comprensión real. Esto puede llevar a un aislamiento social progresivo o a dificultades para desarrollar habilidades emocionales y sociales básicas.
¿Qué podemos hacer?
Invita a tu hijo o hija a mostrarte las herramientas que usa. Pregunta cómo se siente cuando interactúa con ellas. Explícale que una conversación con una IA puede ser útil, pero no puede sostener lo que una mirada humana o una amistad verdadera ofrecen. Ayúdales a identificar cuándo están usando la IA para evitar conflictos, emociones incómodas o relaciones reales.
IA como fuente de información… ¿Es fiable?
Otro uso frecuente entre adolescentes es buscar respuestas a sus dudas de salud, bienestar emocional o identidad en plataformas que incorporan IA. El problema es que los sistemas pueden ofrecer respuestas bien escritas, convincentes, pero erróneas o sesgadas. Un chatbot puede responder a una duda sobre depresión, alimentación o sexualidad con datos no contrastados, generando confusión o incluso riesgo para la salud.
¿Cómo enseñarles a evaluar la información?
Hazte cómplice de su curiosidad. Pregúntales: ¿Quién ha creado esa herramienta? ¿De dónde saca la información? ¿Ese consejo aplica a ti, con tu edad, tu cuerpo, tu historia? Y, sobre todo, recuérdales que siempre pueden acudir a adultos de confianza, profesionales de salud o educadores antes de tomar decisiones importantes.
Privacidad y huella digital: lo que no se ve, también te afecta
Cada búsqueda, cada clic, cada interacción deja un rastro. La IA aprende de los comportamientos de los adolescentes: qué les interesa, qué emociones expresan, qué consumen. Esa información se usa para ajustar la experiencia digital… pero también para influir en sus decisiones futuras, muchas veces con fines comerciales.
Revisa junto a ellos la configuración de privacidad de las aplicaciones. Explícales qué datos se recogen y para qué se usan. Pregúntales: ¿Tú decides lo que ves o una máquina lo decide por ti?
La conciencia crítica sobre la privacidad no se enseña con miedo, sino con curiosidad, conocimiento y diálogo.
Sedentarismo digital: el riesgo menos visible
El uso prolongado de herramientas de IA puede reforzar el sedentarismo físico y mental. ¿Por qué pensar demasiado, si ChatGPT resume por ti? ¿Para qué salir a jugar si una app te entretiene durante horas? Esta pasividad puede afectar no solo a la salud física (dolores musculares, aumento de peso, insomnio), sino también al desarrollo de funciones ejecutivas esenciales: planificación, juicio crítico, toma de decisiones.
¿Cómo equilibrar el uso de IA con la vida real?
Propón reglas claras y flexibles para el uso de pantallas. Alterna tareas con movimiento físico o actividades en grupo. Enséñales a usar la IA como una herramienta para crear, no solo para consumir. Por ejemplo: ¿pueden usarla para preparar una presentación y luego debatir en casa sobre ella?
IA sí, pero con pensamiento propio
La IA puede ser una aliada educativa poderosa. Puede organizar ideas, ofrecer retroalimentación o ayudar a escribir. Pero si se convierte en un sustituto del esfuerzo personal, estaremos empobreciendo nuestro pensamiento.
Fomenta el uso reflexivo: ¿Qué parte de esta tarea es tuya y cuál te ha ayudado a hacer la IA? ¿Qué cambiarías? ¿Estás de acuerdo con lo que te sugiere? Así cultivamos la capacidad de analizar, cuestionar y transformar. Y eso es lo que realmente empodera.
Conclusión: educar en conciencia, no en control
Como adultos, no necesitamos más tecnología que nuestros hijos. Lo que sí necesitamos es estar disponibles, hacer preguntas, reconocer lo que no sabemos y aprender juntos. La IA está aquí para quedarse. Lo importante es que nuestros adolescentes no se queden atrapados en una burbuja digital que limite su crecimiento.
La mejor protección no es la vigilancia, sino el vínculo. Un vínculo fuerte, presente, curioso y sin juicio. Ese es el entorno donde pueden aprender a usar la tecnología con sentido, respeto y libertad.