Autor
Dra. Maricruz Guevara
Médico rehabilitador del Equipo Clínico de ATAM
Fecha
08/08/2025
Tema
ATAM
Inflamación crónica: cómo el ejercicio puede ayudarte a combatirla
Inflamación crónica: cómo el ejercicio puede ayudarte a combatirla
La inflamación no siempre es algo negativo. Aunque solemos relacionarla con molestias como el dolor, la fiebre o la hinchazón, en realidad se trata de un mecanismo esencial de defensa del cuerpo. En el caso de la inflamación aguda —la que aparece ante una herida o infección— el organismo activa una respuesta rápida para reparar el daño y eliminar posibles amenazas. Este proceso suele resolverse de forma natural en pocos días, una vez que ha cumplido su función.
El problema aparece cuando esa inflamación no desaparece con el tiempo. Cuando se mantiene durante meses o incluso años, sin una causa clara, hablamos de inflamación crónica, un estado que se ha relacionado con numerosas enfermedades de tipo metabólico, cardiovascular, neurodegenerativo e incluso ciertos tipos de cáncer.
La buena noticia es que nuestro estilo de vida tiene un impacto directo sobre esta inflamación sostenida. Y entre todas las herramientas que tenemos a nuestro alcance, el ejercicio físico regular destaca como una de las más efectivas para combatirla.
¿Qué es la inflamación crónica y por qué es peligrosa?
La inflamación crónica ocurre cuando el cuerpo mantiene activadas sus defensas, incluso sin una amenaza real. En este estado, se liberan de forma sostenida citocinas proinflamatorias como la proteína C reactiva (PCR) o el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α), que pueden dañar tejidos sanos a largo plazo.
Este tipo de inflamación se ha relacionado con un mayor riesgo de muerte prematura, sobre todo por enfermedades del corazón, y con otras condiciones como el deterioro cognitivo o las enfermedades autoinmunes.
El ejercicio como medicina antiinflamatoria
En la actualidad, existe amplia evidencia científica que respalda el papel del ejercicio físico como una herramienta eficaz para reducir la inflamación crónica. Las personas activas suelen presentar niveles más bajos de inflamación en el organismo, independientemente de factores como el peso, la edad o el tabaquismo.
Seguir programas de entrenamiento regulares, como caminar varias veces por semana o hacer ejercicios de fuerza, ayuda a modular la respuesta inflamatoria. Esta acción antiinflamatoria se observa tanto en personas sanas como en aquellas que viven con enfermedades crónicas, y además fortalece la salud cerebral, como explicamos en nuestro artículo sobre deporte y cerebro.
De hecho, se ha demostrado que el ejercicio contribuye a disminuir marcadores clave de inflamación en el cuerpo, lo que resulta especialmente importante en patologías autoinmunes, donde estos niveles suelen estar constantemente elevados, como los que tratamos en nuestro servicio de Neurología.
¿Cómo consigue el ejercicio reducir la inflamación?
Hay varias razones por las que movernos con regularidad ayuda a nuestro cuerpo a disminuir los marcadores de inflamación:
– Reduce la grasa corporal
El tejido adiposo, especialmente el abdominal, es metabólicamente activo y actúa como un importante productor de sustancias proinflamatorias. Al reducir esta grasa mediante el ejercicio, se disminuye la liberación de mediadores inflamatorios de origen adiposo y se regula la respuesta inmunitaria, favoreciendo un entorno menos inflamatorio.
– Modula el sistema nervioso
La actividad física habitual reduce la hiperactividad del sistema nervioso simpático, que se activa en contextos de estrés crónico. Esta regulación promueve un estado de menor activación inflamatoria, ya que el exceso de catecolaminas y cortisol sostenido está relacionado con procesos inflamatorios persistentes.
– Estimula la liberación de miocinas antiinflamatorias
Durante el ejercicio, el músculo esquelético libera miocinas, proteínas con efecto hormonal que tienen un papel clave en la comunicación entre órganos. Una de las más relevantes es la interleucina-6 (IL-6), que cuando se libera desde el músculo tiene un efecto antiinflamatorio.
Además, esta IL-6 muscular estimula la producción de otras moléculas antiinflamatorias como la interleucina-10 (IL-10) y el antagonista del receptor de interleucina-1 (IL-1RA), contribuyendo a frenar la inflamación de forma natural.
¿Todo ejercicio es beneficioso?
En general, sí, pero hay matices. Si no estás acostumbrado y haces ejercicio muy intenso de repente (como correr un maratón sin preparación), tu cuerpo puede responder con un aumento temporal de la inflamación. Esto es normal, ya que el cuerpo intenta reparar el daño muscular.
Sin embargo, con el tiempo y la práctica regular, el organismo se adapta. Esa respuesta inflamatoria puntual tras el ejercicio se transforma en una respuesta protectora.
¿Qué tipo de ejercicio es mejor?
No hay una única receta. Lo ideal es combinar ejercicio aeróbico (como caminar, nadar o andar en bici) con ejercicio de fuerza (como levantar pesas o usar bandas elásticas).
Lo más importante es:
- Hacerlo con regularidad (al menos 3 veces por semana).
- Ajustarlo a tus capacidades y nivel de forma física.
- Aumentar progresivamente la intensidad.
Incluso empezar con pequeñas caminatas diarias puede marcar una gran diferencia si se mantiene en el tiempo.
En resumen
El ejercicio físico es mucho más que una forma de mantenernos en forma o perder peso. Es una verdadera herramienta terapéutica capaz de mejorar nuestro sistema inmune, disminuir la inflamación crónica y prevenir enfermedades graves.
Lo importante es moverte con frecuencia, con actividades que disfrutes y puedas mantener a largo plazo. Invertir en movimiento es invertir en calidad de vida.